Nombres comerciales poco afortunados

Dos pies sujetan en alto unos libros apilados y una copa de vino

Bautizar un producto no es tarea fácil. Puede crear muchos quebraderos a un departamento de marketing. Además, poder vender un producto a cualquier parte del mundo en tan sólo unos clicks, nos pone bajo la lupa de un público global.
Sea porque hay palabras que en un idioma no significan nada pero en otro son todo menos bonito, sea por la mera pronunciación, que suena “a otra cosa”, o sea por los dobles sentidos del argot de cada idioma, un nombre, de marca, producto o servicio, es un juego de equilibrismo.

El “clásico”: Mitsubishi Pajero

Fotografía del vehículo Mitsubishi Pajero

Bien. De entrada, no echemos toda la culpa a los japoneses de elegir un nombre tan poco apropiado en España. Al fin y al cabo, allí pronuncian “chichi” para decir “padre” y todo suena tan ricamente.
El caso del Pajero (oups) lleva a situaciones cuanto menos surrealistas: ¿imagináis un vendedor explicando las bondades de tapicería de un Pajero? 😁 No creo que haya mucho más que explicar.
Conclusión: en los países de habla hispana, el “Pajero” fue sustituido por un mucho menos polémico “Mitsubishi Montero”.

Toyota MR2: no apto para el público francófono

Imagen de la parte trasera del modelo MR2 del fabricante Toyota
Toyota MR2

Seguimos con japoneses. Se ve que esto de los nombres no es lo suyo. En esta ocasión, si sabes ya algo de francés, puede que entiendas enseguida el problemilla: mientras que en España “MR2” no se asocia ni suena a nada en concreto, a un francés “MR2” le sonará tal que “emme-erre-deux”. Y aquí viene lo delicado: suena mucho al verbo “emmerder”, una especie de “tocar los coj…” patrio.
¿Cómo lo solucionaron? Quitando el “2” y dejarlo en algo más tranquilo tal que “Toyota MR”.

El “cutre” SUV alemán

Modelo Audi Q3
Imagen propiedad de Audi. Todos los derechos reservados

Injusto nombre para este monovolumen vitaminado. Injusto si nos ponemos tiquismiquis con la sonoridad del nombre. Se trata del Audi Q3, que suena tal que “cutres”. Y eso significa que te gusten tanto los “Audi Q3” que los “Audis cutres”. 😐

Pese a todo (y que no deja de ser una mera anécdota) el nombre sigue en uso para el coche. Y las ventas no se resienten en absoluto. Desde su lanzamiento en 2011, acumula más de medio millón de unidades vendidas en Europa.
Será que no es tan “cutre” como suena…

Se abre el telón: aparecen unos rusos, unos nigerianos y unos estadounidenses.

No, no se trata del comienzo de un chiste.
En 2009, el gigante del gas ruso GAZPROM inició una joint venture con la NNPC, la compañía nacional del petróleo en Nigeria. De esta operación surgiría la “NiGaz Energy Company Limited”, nombre que surge de combinar el “Ni” de “Nigeria” y el “Gaz” de Gazprom (no es que se estrujasen demasiado el cerebro…).
Todo perfecto hasta que entran los norteamericanos. Concretamente los de raza negra. Bien conocido es que en los EEUU, no hay un insulto con peor connotación para una persona de esa raza que llamarle “nigger”. Traducido, sería algo así como “negrata” o “negro de mier…” (te puedes hacer a la idea…).
Ya entenderás, pues, que “nigaz” suena muy MUCHO a “nigger” (pronunciado en inglés). De ahí el aluvión de críticas al desafortunado homófono creado de la unión empresarial de nigerianos -curiosa paradoja- y rusos.
Aun así, pese a las críticas, la empresa sigue funcionando bajo el mismo nombre. 🤷‍♂️

Nike: maratones y pistolas

Los ejemplos de Nike no tienen que ver con ninguna asociación de palabras, homófonos, significados extraños o el juego del argot. En su caso, no es sino el capricho del destino quien quiso jugar con algunas campañas de la marca del swoosh.

Primer caso: las camisetas “Boston Massacre”.

Camiseta de Nike con el texto "Boston Massacre".

En 1978, los Yankees de Nueva York (equipo de béisbol de las Ligas Mayores estadounidenses) le dieron una soberana paliza a los Red Sox de Boston. Para recordar tal acontecimiento deportivo, Nike creó unas camisetas tituladas “Boston Massacre”, referidas a esa serie.
Resulta que en abril de 2013, Boston sufriría un atentado terrorista durante la maratón de la ciudad que causó 3 muertos y 282 heridos. Si atamos cabos, unas camisetas donde claramente se lee “Boston Massacre”, no son lo más apropiado.
Consecuencia: evidentemente, las camisetas fueron retiradas para su comercialización.

Segundo caso: Oscar Pistorius y San Valentín

Este caso es aún más oscuro. Sucedió el mismo año que las camisetas de Boston. Su protagonista: Oscar Pistorius. El atleta sudafricano, doble amputado de ambas piernas y recordman mundial de 100, 200 y 400 metros lisos para atletas con doble amputación. Tras estos éxitos, Nike ideó una campaña para gloria del sudafricano con el claim “I am the bullet in the chamber”: “Soy la bala en la recámara“.
¿Qué pasó? Pues que el 14 de febrero de 2013 Pistorius acabó con la vida de su novia tras dispararle cuatro tiros que atravesaron la puerta del baño del domicilio en el que ambos se encontraban aquella noche.

Cuando no quieres ver el problema

Demos una oportunidad a los expertos en marketing: aunque trates de tener en cuenta todo (pero TODO) lo que puede hacer fracasar el nombre de un producto, al final siempre hay cosas que se escapan de tu control.
Hablamos del caso de unos chocolates para no engordar que se fabricaban en los Estados Unidos allá por los 80. Un producto con 4 décadas de historia a sus espaldas.
Los 80, entre otras muchas cosas, se recordarán por los enormes estragos que causó el SIDA en todo el mundo. El nombre, SIDA, es el acrónimo de “Síndrome de inmunodeficiencia adquirida”. En inglés, por su parte, se escribe “AIDS” (Acquired Immune Deficiency Syndrome).
Si ahora os digo que los chocolates de los que hablamos se llamaban “Ayds”, creo que no hay mucho más que contar.
Resulta un pelín incomprensible que, desde que la enfermedad salió a la luz pública en 1981, tardaran 6 años (1987) en “cambiar” el nombre. Y “cambiar” entre comillas, porque pasó de llamarse “Ayds” por “Ayds Diet”…🙄
Ni que decir tiene que los bombones terminarían dejando de comercializarse poco tiempo después.

Un café con un nombre poco apetecible

El último ejemplo es 100% español. Se trata de una empresa española, de Huesca, especializada en máquinas de café de alta gama. Su nombre, proviene del apellido de su fundador. Un emprendedor que en los años 50 empezó a trabajar para un proveedor de componentes de máquinas de expreso. Este hombre se ocupaba de realizar componentes para las máquinas de la marca en todo el mundo.
Pronto se daría cuenta de la oportunidad empresarial que había. Una fuerte demanda de cafeteras que requerían de componentes y piezas de reemplazamiento. Se decide poner por su cuenta y comenzar la fabricación de componentes. En este caso, para todo tipo de máquinas de café expreso en el mercado. La empresa continuó su actividad (lo sigue haciendo) y el hijo del fundador, además de seguir el negocio familiar, se aventuró a crear sus propias máquinas de café para la marca.

Frontal de una máquina de café expreso de la marca Ascaso

No dudo de la calidad de sus máquinas -ni de lo abultado de sus precios, por cierto-. Pero a mí es que el nombre no me acaba de cerrar. ¿Y a tí?

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