Productividad: España y Europa

¿Sabemos hacer bien las cosas o simplemente "las hacemos? - siseo.wordpress.com

Al mercado laboral español se le tilda -a veces demasiado- de poco productivo, en comparación con nuestros vecinos europeos. Más aún si tomamos en cuenta que somos uno de los países donde pasamos mayor número de horas en el lugar de trabajo.

¿Qué hay de cierto en todo es?  ¿Cómo enfocamos nuestra mente cuando llegamos a la oficina oficina? ¿Mirar Facebook? ¿Leer blogs? ¿Revisar el correo personal?

¿Respuestas? Seguro que de todo tipo. Uno de las conclusiones de este tipo de rankings es, si estamos “tan mal”, cómo podemos hacer para mejorar la dichosa productividad laboral.

Autoanálisis, fundamental

Lo primero y más importante es evaluar nuestra mecánica de trabajo. ¿En qué fallamos? ¿En qué somos buenos? ¿Qué se puede mejorar?

Siempre es bueno parar un momento y reflexionar sobre el qué, cómo y sobre todo “por qué” de nuestras rutinas de trabajo. Estamos demasiado acostumbrados a desarrollar una “rutina laboral” que a veces no es la más adecuada, perdiendo tiempo y energia innecesarios.

Kaizen: continuous improvement

Revisando los procesos podemos mejorar muchos de nuestros resultados

Para esto, la marca japonesa Toyota tiene un pilar fundamental en su filosofía de management llamado el “Kaizen” o “mejora continua”, que afecta a los procesos y actividades rutinarias que pueden mejorarse y estandarizarse.
En otras palabras: podríamos variar los ritmos, cargas y procedimientos de trabajo en función de nuestras necesidades y búsqueda de resultados.

Si hablamos de trabajos “de oficina“, podríamos por ejemplo ganar tiempo con una formación al empleado que maximice el uso que hacemos del software que utilizamos (y del que normalmente no explotamos todas sus posibilidades).

Otra opción sería una adecuada, realista (y sobre todo sensata) planificación enfocada en hacer “más fácil” los flujos de trabajo. Claro está, en función de los recursos del negocio: reuniones periódicas de los departamentos -de manera sistemática- y aunque sólo haya avances menores, re-distribución de cargas/responsabilidades según proyecto y capital humano…

Luego, otros trabajos -fuera de oficina- demandan simplemente sentido de la lógica: restaurantes, con mesas asignadas para cada camarero, la secuencia de toma de pedidos, la correcta comunicación entre los distintos empleados…

Aunque son cosas que parecen obvias (y lo son) si a veces nos fijamos, descubriremos que muchos negocios no funcionan como deberían debido a no prestar atención a pilares tan básicos.

No se trata de trabajar más, sino de trabajar mejor

Estamos muy acostumbrados al ritmo “funcionario”: de X a Y horas y se acabó. Calentar la silla es bastante lamentable. Lo importante es fijar unos objetivos, una calidad (KPI) y si se consigue antes que después, pues mejor para todos.

Habría que plantearse: “de las horas que pasamos en la oficina, ¿cuántas dedicamos realmente a solucionar las tareas?”. Seguro que podríamos economizar tiempo y esfuerzos optimizando simplemente los procesos.

Existe un sistema de distribución del tiempo, “Pomodoro’s technique”, que distribuye las tareas en periodos de 25 minutos, tras los cuales hay un descanso entre un “pomodoro” y el “siguiente”. 25 minutos, según el autor de la técnica, es el tiempo adecuado para concentrarse en una tarea de manera total, sin perder eficacia por cansancio, hastío u otras razones.

Mesa de cocina con tres tomates

Conclusión: hagamos caso a los romanos

Decían los romanos que el día se tenía que distribuir en “ocho horas para dormir, ocho para trabajar y ocho para todo lo demás”. Pues apliquemos su dicho y hagamos las cosas bien: dejemos de trabajar más, sino mejor.